El Escudero
Posted in Mis CUENTOS 1 comments
Un día más. Me despierto, tomo sus armas, su armadura; las lustro y arreglo. Le preparo el desayuno. Arreglo su caballo. Cuando el ya esta listo, si así lo desea lo ayudo a practicar. Noto como mejora cada día, como su orgullo y autoestima crecen. Ha ganado ya varios torneos. Y tiene filas de doncellas esperando ser cortejadas por él.
Lo he seguido desde que nací. El siempre a caballo y yo siempre trotando a su lado.
La verdad es que lo quiero como si fuese mi hermano. Cada uno de sus éxitos eran una pequeña alegría para mí.
Pasado los años, lo veo fuerte, sano, experto en lo que hace. Estoy orgulloso por él.
Sin embargo hay una sensación que me esta carcomiendo. Al principio era sólo una leve molestia, ahora no me deja dormir. No estoy enfermo.
Me siento vacuo, me doy cuenta de que mi vida siempre ha sido pensando en lo mejor para él, todos los momentos de orgullo y felicidad son suyos. Que he hecho yo. Nada.
Y entonces pienso, si no estuviese mi caballero que sería yo? He vivido largos años sus sueños, olvidando los míos. Algo a cambiado, necesito algo más. No quiero seguir llevando esta lanza, este escudo, esta espada. No quiero limpiar la sangre que él ha derramado.
Mañana será un día distinto. Me levantaré más temprano. Si supiese escribir quizás dejaría una nota. No tomaré nada más que mis andrajosas prendas y me iré. El ya no me necesita, y yo tampoco a él. Que no se mal entienda no tengo celos, ni tampoco envidia.
No creo que sea una despedida, aunque no nos veremos por mucho tiempo. Yo estoy cambiando y él quizás ya no me reconocería. Ni siquiera yo me reconozco ahora. Aunque me estoy empezando a crear a mi mismo, a conocer.
Tengo miedo, lo admito. Yo no soy un caballero. Y los senderos son más oscuros y peligrosos para los que no tenemos armas.
Hasta hoy siempre estuve protegido por mi caballero, y sabía que mientras él estuviese cerca yo estaría a salvo. Pero he decidido arriesgarme, me iré a un nuevo pueblo. No sé si me quedare ahí pero probaré suerte. Trabajaré en una posada, o quizás me vuelva un bardo, creo que si aprenderé a tocar el laúd. Conoceré a una doncella, o quizás a una simple campesina.
Lo único seguro es que viajaré todo lo que me den estas piernas. Será mucho, pero el correr al lado del caballo me ha entrenado bien.
Un día volveré a presentarme frente al caballero. Lo miraré de igual a igual y le diré este soy yo. Mírame. Dame un abrazo hermano, porque he cambiado, he salido a vivir. Luego lo invitaré a tomar una copa de vino y comer un pedazo de pan. Y hablaremos la noche entera sobre nuestras aventuras.
Lo he seguido desde que nací. El siempre a caballo y yo siempre trotando a su lado.
La verdad es que lo quiero como si fuese mi hermano. Cada uno de sus éxitos eran una pequeña alegría para mí.
Pasado los años, lo veo fuerte, sano, experto en lo que hace. Estoy orgulloso por él.
Sin embargo hay una sensación que me esta carcomiendo. Al principio era sólo una leve molestia, ahora no me deja dormir. No estoy enfermo.
Me siento vacuo, me doy cuenta de que mi vida siempre ha sido pensando en lo mejor para él, todos los momentos de orgullo y felicidad son suyos. Que he hecho yo. Nada.
Y entonces pienso, si no estuviese mi caballero que sería yo? He vivido largos años sus sueños, olvidando los míos. Algo a cambiado, necesito algo más. No quiero seguir llevando esta lanza, este escudo, esta espada. No quiero limpiar la sangre que él ha derramado.
Mañana será un día distinto. Me levantaré más temprano. Si supiese escribir quizás dejaría una nota. No tomaré nada más que mis andrajosas prendas y me iré. El ya no me necesita, y yo tampoco a él. Que no se mal entienda no tengo celos, ni tampoco envidia.
No creo que sea una despedida, aunque no nos veremos por mucho tiempo. Yo estoy cambiando y él quizás ya no me reconocería. Ni siquiera yo me reconozco ahora. Aunque me estoy empezando a crear a mi mismo, a conocer.
Tengo miedo, lo admito. Yo no soy un caballero. Y los senderos son más oscuros y peligrosos para los que no tenemos armas.
Hasta hoy siempre estuve protegido por mi caballero, y sabía que mientras él estuviese cerca yo estaría a salvo. Pero he decidido arriesgarme, me iré a un nuevo pueblo. No sé si me quedare ahí pero probaré suerte. Trabajaré en una posada, o quizás me vuelva un bardo, creo que si aprenderé a tocar el laúd. Conoceré a una doncella, o quizás a una simple campesina.
Lo único seguro es que viajaré todo lo que me den estas piernas. Será mucho, pero el correr al lado del caballo me ha entrenado bien.
Un día volveré a presentarme frente al caballero. Lo miraré de igual a igual y le diré este soy yo. Mírame. Dame un abrazo hermano, porque he cambiado, he salido a vivir. Luego lo invitaré a tomar una copa de vino y comer un pedazo de pan. Y hablaremos la noche entera sobre nuestras aventuras.
1 comments:
Wooooow!!! Me dejaste helado!!!
EXCELENTE!
No se si es porque creo comprender mejor que otras personas esta historia pero es una metafora brutal!...life, u know!
Creo que todos tenemos "armas", quizas a veces no nos hemos dado cuenta cuales son.
En todo caso creo que el Caballero estara eternamente agredecido por el constante apoyo brindado por el Escudero y mas que claro que sus caminos se volveran a cruzar!
UN ABRAZO MAN!!!
Te deseo lo mejor en sean cual sean las tierras a las que emigras!
Publicar un comentario